domingo, 5 de abril de 2009

Lo que dijo una voz

En el sueño soy un espectador sin función aparente, el espacio se ilumina con una voz anciana, como un teatro cuando se prende el proyector, reconzco la calle por sus edificios, estoy en el centro de la ciudad, la voz señala un hombre, me dice; ese de allá, ese es un receptor de dolor, recoge las tristezas; no lo sabe, salvo en momentos excepcionales intuirá su condición; lo observo, es alto y encorbado, lleva las manos en los bolsillos, una bufanda cubre parte de su rostro, sus labios arrastran una canción, solo camina, decido abandonarlo y entonces veo el encuentro de sus ojos con los de una mujer que aguarda el colectivo, puedo ver el fluido gaseoso y aun así denso, luminoso y fugaz; el hombre sigue su camino, la mujer que aguarda, entrecruza sus manos como si sufriera de un repentino cosquilleo, gira su cabeza en un semicirculo y respira profundo, la escena me conmueve, quiero llorar. La voz me pide que mire arriba, estoy en una suerte de inframundo, mecanos de madera se mueven lentamente, suena el metal, hay humedad y poca luz, hay polvo delgado en el aire y en el corte de la pared hay unos ramales como una suerte de raiz invertida que va a dar a la superficie, la voz dice, esas son las raices que sujetan y alimentan a los hombres cuyos actos son la causa desencadenante, pronto podrás ver a los hombres antena, sus pensamientos no les pertenecen, solo reciben las señales y las trasmiten

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