jueves, 2 de abril de 2009

El primer encuentro

Cuando las puertas del vagón se cerraron las ansiedades acumuladas y reprimidas recobraron su vitalidad, era sin embargo una euforia quieta pues los pasajeros asumieron la postura del iniciado, ajustando sus movimientos a lo observado, que no era mas que ese vagón habitado por luces tenues y sillas de madera tapizadas con un terciopelo vestigio de los días de la bonanza. La primera seguridad de la que hicieron conciencia era que estaban solos y aislados, nadie se atrevió COMO SE IMAGINABA JOSUE Y LOS OTROS EL TREN a expresar pensamiento alguno o a entablar una conversación, las miradas eran arañas refugiadas en los rincones o insectos voladores estrellándose con insistencia con la libertad que vendían las ventanas; agotados por tal grado de incomunicación, durmieron o simularon dormir lo que quedaba de ese, su primer día. Se despertaron observados por los pasajeros antiguos que mascullaban palabras como si se tratara de un pedazo de carne añeja y no por eso carente de sabor, entonces las miradas regresaron de su ostracismo para asumir la estéril alerta del que se reconoce como presa.

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