domingo, 5 de abril de 2009
El
Del día del incidente, recuerdo el último sorbo, el ardor de una garganta hinchada como un globo caliente, caer en silencio y despertarse encerrado en una cápsula blanca cuyas luces neón le entregaron a estos ojos, por segunda vez, la sensación de ser un recién llegado al mundo, la cápsula era una inmensa cámara fotográfica de mi cerebro y sonaba como deben soñar las entrañas enfermas de los dioses. Las guerras con las que había crecido mantenían su equilibrio y en el noticiero se mostraban intrascendentes. Hace tanto se desprendió para entrar en estado de coma, solo lo inquietan los rostros del desconsuelo como el de esa niña en el subterraneo que hace hablar a papelitos, 'auxilio' –dice- pero nadie escucha, no hay carteros que lleven tus papelitos –piensa- mundo triste en el que esta niña se hará mujer, su rostro jamás ira al circo.
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