lunes, 21 de septiembre de 2009
Cuadros sucesivos, superpuestos a través de la ventana, las ruinas y los desechos de un progreso postergado, los monoblocks con sus escaleras exteriores y sus tanques de agua a la vista, la ropa extendida sobre los balcones como coloridas banderas clavadas sobre grises húmedos. Un parque infantil en quietud, un partido de futbol. Maximiliano observa, no se atreve a sentir, la ciudad se despide, el tren avanza por el valle abierto y árido. Hubiera querido otra conversación, es que guarda la esperanza de que un día uno de los seres fundamentales le dirá: realmente comprendo lo que quieres decir y tal vez esa persona, al comprender, no podrá más que llorar, un llanto contenido.
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