miércoles, 12 de agosto de 2009
En un inmenso cementerio reposan las palabras que un día conocí, con las que conversé, imaginé, con las que creí. Camino por estos campos de paz - si tal fantasia existe - como un hombre acostumbrado a los funerales, un anciano que conoce esta rutina sin esbozos de melancolía, salvo tal vez cuando sopla cierta resignación anudada a los recuerdos que persisten como sensaciones primigenias. Se está realmente solo cuando no se tienen ni palabras. El anciano busca una señal en su reflejo - es inutil- los espejos se han fracturado, la debilidad se ha solidificado en sus huesos, ya no importa, la muerte esta cerca, pronto todo esto acabara y retornará la nada a su cause natural.
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