Una uña crece carne adentro mientras el bombillo del cuarto se resiste a abandonar su estado de neutralidad. Son estos tiempos de chamizo, de hombres máscara atados a tanques de oxigeno. La existencia resumida en un comentario, la intranquilidad superada en trece pasos, las urgencias mimetizadas, los otros como suplentes rabiosos se chupan sus lenguas y esperan el canto de las sirenas, los gritos de los seres noctámbulos. Tal vez es solo un acto exagerado o una suerte de regresión hacia otras visiones enrejadas, maniatadas, golpeadas.
La palabra flota en aires estancados como flotan los muertos de una guerra sin nombre, alcanza la orilla pero no puede ser llorada, ni su cadaver auxiliado, condenada a su suerte de fantasma debe esperar que otros dias la empujen al cauce para perderse de nuevo.
Edifico claustros con las sobras de los árboles, los mismos de donde descendí un día para recorrer estos valles que con se servian del viento para ofrecerme promesas, vaya ilusión, atrevidos fueron mis ojos que quisieron ver y mi boca que quiso hablar aunque solo se tratara de jugar a los espejos, a los espirales a los laberintos, aunque solo se tratara del truco y del escapismo.
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